Ella
Enciendo el portátil, abro el Messenger, me siento nerviosa, tecleo mi contraseña e inicio sesión. Empieza a cargarse, solo lleva dos segundos y pienso que a lo mejor estaba conectado y se fue en ese instante. Sigue cargándose, ya lleva 5 segundos, la espera se hace eterna y empiezo a morderme el labio inferior. Se carga finalmente. Voy corriendo a la columna de favoritos, pero no hay nadie conectado, pero aun así, pincho en ella para simplemente ver su Nick como una tonta. Me tumbo en la cama y me pasan cosas por mi cabeza: “¿Qué estoy haciendo? El ya no es mío, es lógico que ya no se conecte, pasa de mi, no soy nada para él…” Cierro los ojos, y entonces sale un ruido del portátil, el sonido de cuando alguien se conecta, me levanto rápidamente y miro la ventanilla. Mi corazón se acelera, mi cara se ilumina con una sonrisa y mi mirada inspira alegría. Si, es él.
Él
Enciendo el ordenador, abro el Messenger y me quedo quieto, no sé como me siento, sé que ya no siente lo mismo, o eso creo, pero si sé que quiere olvidarme. Finalmente decido escribir mi Messenger y la contraseña, empieza a cargarse, empiezan a pasar segundos, segundos que me parecen una apuñalada en el pecho. ¿Por qué esto ahora? Creía que la había olvidado, pero veo, es mas, siento, que no la olvide del todo, y que seguramente, si está conectada, empezaré a recordarla de nuevo. Se abre el Messenger, busco su Nick entre los que están conectados, me viene un cosquilleo, la sensación de mil mariposas en el estómago, siento de nuevo aquella nostalgia, la que sentía al mirar antes a la luna. Si, está conectada.

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